(pensé esos títulos mientras venía en el colectivo no puedo creer que los recordé para este momento, exijo un minuto de silencio por respeto)
Así como ayer fue el día de reencontrarme con Mica, hoy fue el día de reencontrarme con Luciana.
Me levanté temprano porque el viaje sería largo. Papá se quedó dormido. Llegamos tarde. (les suena conocido? A mis compañeros seguro que si) Mientras desayunaba me puse a escribir en este blog los pasados tres días. Había sido acordado que a la 1 estaríamos allá para disfrutar el rico manjar de almuerzo que Lu nos prepararía.
No sé, creo que llegamos pasadas las dos.
Emilia papá y Lu tal vez recuerden el día como caluroso pero juro que era lo que menos me importaba. Me importaba estar ahí, estar viva, que no me haya dado un ataque de pánico en el tren de la gente que había. Me importaba que la iba a volver a ver y que ayer había estado con Micaela y que a ambas las extraño así de tanto como las quiero, y más.
Honestamente estoy tan contenta que ni siquiera puedo narrar esto, fue todo brillante.
Se llevaron de maravilla, Lu con mi familia, y vice versa. Comimos riquísimo y luego nos dejaron solas, hablamos hablamos y hablamos más, Luciana me sacó muchas fotos, diciendo que cuando se despertara el día siguiente no iba a creer que hoy había sucedido. Ahora me siento algo mal por no sacar fotos yo misma, pero entre que la cámara de mi celu es horrible y no lo tenía a mano, no lo lamento tanto, porque inmortalizo el recuerdo diferente, lo inmortalizo plasmándolo acá.
Nos tomamos un colectivo y pasamos la tarde entera en el Ateneo, lo conocí hoy por primera vez. No entiendo como pude tantas veces haber estado en Buenos Aires y nunca haber pisado tan santificado lugar. No me fui de ahí hasta que encontré dos tomos de Sandman, una novela gráfica escrita por Neil Gaiman que quienes me conocen saben que SIEMPRE QUISE TENER EN MIS MANOS DICHO COMIC Y NEIL ES MI ESCRITOR-PLATÓNICO(???
A la vuelta hicimos una combinación colectivo-subte devuelta al departamento de Luciana y estuvimos ahí hasta que se hizo tarde. Hablamos más y más y la dibujé en mi cuaderno de viaje. Me prestó una campera re linda (fue difícil elegir entre todas las camperas lindas que tiene) y guardó mi Paso de los toros en la mochila. Luego caminamos y como ya había cerrado el subte me acompañó en colectivo hasta donde estaban papá y Emi y cuando el taxi llegó a buscarla no queríamos decir adiós.
Un beso en la mejilla, y cuando se fue, se sintió tan raro, pero ya la extrañaba. Pienso que podríamos haber tenido todo el tiempo del mundo y aún así no hubiera sido suficiente. Pero la felicidad es mayor que mi ambición, por una vez en la vida.
Cené en la casa de una cantante amiga de papá, que tiene una voz fuerte y llena de anécdotas. Me quiere. No sé por qué. Yo le tengo algo de cariño, aunque me deje algo aturdida. En la cena me dio sed.
Ahí me di cuenta.
Luciana se había ido con mi gaseosa (?
No sé, me debería haber quedado con su campera a cambio (?????
Luego de la cena y la sobremesa y la guitarreada los tres nos fuimos a la parada para tomarnos un colectivo que nos llevara cerca de la casa del abuelo de Emi.
Me di cuenta, que Buenos Aires no es tan feo si no hay gente. En realidad disfruté caminar las calles desoladas y no-tan-cálidas-por-suerte en la noche. Sé que está mal y no debería volver a intentarlo y esta vez pasa porque estaba con Papá y Emi. Pero me alegra que hayamos caminado ese trecho, tanto en capital como en provincia. La verdad fue lindo.
Aún así prefiero mil veces caminar en Ushuaia.
Pero esto no está tan mal tampoco.
Así como ayer fue el día de reencontrarme con Mica, hoy fue el día de reencontrarme con Luciana.
Me levanté temprano porque el viaje sería largo. Papá se quedó dormido. Llegamos tarde. (les suena conocido? A mis compañeros seguro que si) Mientras desayunaba me puse a escribir en este blog los pasados tres días. Había sido acordado que a la 1 estaríamos allá para disfrutar el rico manjar de almuerzo que Lu nos prepararía.
No sé, creo que llegamos pasadas las dos.
Emilia papá y Lu tal vez recuerden el día como caluroso pero juro que era lo que menos me importaba. Me importaba estar ahí, estar viva, que no me haya dado un ataque de pánico en el tren de la gente que había. Me importaba que la iba a volver a ver y que ayer había estado con Micaela y que a ambas las extraño así de tanto como las quiero, y más.
Honestamente estoy tan contenta que ni siquiera puedo narrar esto, fue todo brillante.
Se llevaron de maravilla, Lu con mi familia, y vice versa. Comimos riquísimo y luego nos dejaron solas, hablamos hablamos y hablamos más, Luciana me sacó muchas fotos, diciendo que cuando se despertara el día siguiente no iba a creer que hoy había sucedido. Ahora me siento algo mal por no sacar fotos yo misma, pero entre que la cámara de mi celu es horrible y no lo tenía a mano, no lo lamento tanto, porque inmortalizo el recuerdo diferente, lo inmortalizo plasmándolo acá.
Nos tomamos un colectivo y pasamos la tarde entera en el Ateneo, lo conocí hoy por primera vez. No entiendo como pude tantas veces haber estado en Buenos Aires y nunca haber pisado tan santificado lugar. No me fui de ahí hasta que encontré dos tomos de Sandman, una novela gráfica escrita por Neil Gaiman que quienes me conocen saben que SIEMPRE QUISE TENER EN MIS MANOS DICHO COMIC Y NEIL ES MI ESCRITOR-PLATÓNICO(???
A la vuelta hicimos una combinación colectivo-subte devuelta al departamento de Luciana y estuvimos ahí hasta que se hizo tarde. Hablamos más y más y la dibujé en mi cuaderno de viaje. Me prestó una campera re linda (fue difícil elegir entre todas las camperas lindas que tiene) y guardó mi Paso de los toros en la mochila. Luego caminamos y como ya había cerrado el subte me acompañó en colectivo hasta donde estaban papá y Emi y cuando el taxi llegó a buscarla no queríamos decir adiós.
Un beso en la mejilla, y cuando se fue, se sintió tan raro, pero ya la extrañaba. Pienso que podríamos haber tenido todo el tiempo del mundo y aún así no hubiera sido suficiente. Pero la felicidad es mayor que mi ambición, por una vez en la vida.
Cené en la casa de una cantante amiga de papá, que tiene una voz fuerte y llena de anécdotas. Me quiere. No sé por qué. Yo le tengo algo de cariño, aunque me deje algo aturdida. En la cena me dio sed.
Ahí me di cuenta.
Luciana se había ido con mi gaseosa (?
No sé, me debería haber quedado con su campera a cambio (?????
Luego de la cena y la sobremesa y la guitarreada los tres nos fuimos a la parada para tomarnos un colectivo que nos llevara cerca de la casa del abuelo de Emi.
Me di cuenta, que Buenos Aires no es tan feo si no hay gente. En realidad disfruté caminar las calles desoladas y no-tan-cálidas-por-suerte en la noche. Sé que está mal y no debería volver a intentarlo y esta vez pasa porque estaba con Papá y Emi. Pero me alegra que hayamos caminado ese trecho, tanto en capital como en provincia. La verdad fue lindo.
Aún así prefiero mil veces caminar en Ushuaia.
Pero esto no está tan mal tampoco.
